Puede que a estas alturas del cuento, poco o nada haya que decir a cerca de uno de los fenómenos sociales más curiosos que se hayan dado a causa de un videojuego. Lo cierto es que Nintendo lo ha vuelto a hacer, con su original idea de “expandir la definición de los videojuegos” ha sorprendido a propios y extraños con sus “Touch! Generations”, juegos con una mecánica muy simple pero con una tremenda adicción y originalidad. Pero por encima de todos ellos destaca Brain Training, y es así porque ha conseguido llegar a sectores de público hasta ahora desconocidos para el mundillo de los videojuegos, y para que veáis de que os estoy hablando, os contaré mi propio caso.
Yo, como casi todo el mundo me compré mi Nintendo DS junto con el Brain Training, si si, ya se que no es la panacea y que probablemente y viendo mi currículum como jugón podría haber elegido algún que otro título, aunque la verdad el catálogo al principio no era muy extenso, pero bueno, que se le va a hacer, soy muy sugestionable y tanto anuncio a uno le puede…, ¡vale, está bien!, me lo compré porque me picaba el gusanillo ese del “juego de la mente”.
Al principio he de reconocer que no es que me entusiasmase mucho, y más depués de recibir mi primera edad metal, 90 añazos, ¡pero que se habrá creído el chino este!. Luego y con un poco más de práctica, mas que mental, de dominio de ciertas pautas del juego como una buena escritura y una correcta dicción la cosa fue mejorando enormemente hasta situarme en la edad que me correspondía por nacimiento, pero tampoco es que fuese mucho más allá, el juego seguía sin engancharme lo suficiente, no se, vamos, que a mi me quitan a un tipo con una espada y lanzando magias a todo “quisqui” y no soy feliz.
La gran sorpresa fue, cuando un día al entrar en casa, me encuentro a mi madre sentada en el sofá y con la DS en sus manos, no me lo podía creer, la reacción como es evidente fue de lo mas normal en estos casos. Salí a la escalera y miré el número de la puerta, si, si, es el tercero derecha, volví a entrar en casa y seguía ahí, con mi querida DS, así que me froté los ojos, fui al baño y me lavé la cara, miré si el tamaño de mis pupilas era el correcto y por último conté los dedos de mi mano derecha, si, son cinco, ¡pues claro que son cinco, cuantos dedos iba a tener sino entonces!.
Así es, mi madre jugando en mi DS y por supuesto con el innombrable Brain Training, y eso que en aquella época ya me había hecho con el maravilloso Zelda: The Phantom Hourglass, pero nada, por lo que se ve ella había quedado entusiasmada con la idea de ejercitar su mente.
Para mi, personalmente, esta es la grandeza del fenómeno Brain Training, un juego de líneas simples, pero que ha conseguido llegar a un público de lo más complicado. Por una parte ha llegado al sector femenino, cosa muy difícil a pesar de que hoy en día cada vez hay más féminas que disfrutan del entretenimiento electrónico, y por otra parte ha conseguido llegar a las madres, y eso si que es de lo más complicado, porque no estamos hablando de madres que puedan ser de nuestra generación, sino de las madres de nuestra generación, que son capaces de memorizar 300 números de teléfono pero que cuando se ponen a programar un vídeo tienen que llamar al 091, sin duda alguna Nintendo si que sabe “expandir la definición de los videojuegos”.
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